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El dentista y la bulimia

La bulimia es un trastorno de la conducta alimentaria que se caracteriza por una relación anómala entre el paciente y los alimentos. Llega ser más que un problema de conducta alterando la salud física y emocional del paciente.

La palabra ‘bulimia’ proviene de un vocablo griego que significa ‘hambre de buey’.

Este trastorno se caracteriza por la ingestión de grandes cantidades de alimentos (comilonas) que llevan al paciente a experimentar un sentimiento de culpa y depresión por no poder controlar esta conducta. El paciente trata de recuperar el control de sus actos y procede al uso excesivo de laxantes, diuréticos, ayunos y/o vómitos para contrarrestar los efectos del atracón anterior. No se conoce la causa determinante de este trastorno alimentario, pero se considera multifactorial, con una importante carga socio-cultural.

El peso no siempre es indicativo de un caso de bulimia, siendo mas bien, uno más de los síntomas de estos pacientes. En lo que al dentista se refiere, este profesional puede ser el primero en advertir de la presencia de dicho trastorno, por los claros signos que el paciente bulímico presenta en la cavidad oral. Dentro de las principales manifestaciones buco-dentales se encuentra la desmineralización y erosión del esmalte dental, caries extensas, sensibilidad dental a estímulos térmicos, alteraciones de la mucosa y tejidos periodontales, xerostomía (sequedad bucal excesiva)entre otros. La alteración y pérdida del esmalte es probablemente el signo mas evidente de esta enfermedad, si bien es cierto que los pacientes bulímicos no acuden con frecuencia al dentista ni a otros profesionales de la salud, al verse alterada su autoestima y equilibrio emocional.

En los períodos de atracones se ingieren fundamentalmente productos de alta actividad cariogénica, como los dulces, provocando alto riesgo de caries. A ello hay que sumar la menor higiene dental, la acumulación de placa bacteriana y una disminución de la calidad y cantidad de la saliva. La falta de saliva o su baja calidad, también va unida a una ansiedad generalizada y al consumo de medicamentos (sedantes y antidepresivos) que se asocian a este trastorno alimentario.

La falta de lubricación e hidratación de la boca aumentan las ulceraciones, irritaciones y modificaciones de la mucosa.

El vómito continuo hace que el contenido gástrico (ácido) en contacto con el esmalte dental, lo vaya erosionando y desgastando de manera drástica cuanto más repetido sea el acto. En casos severos de bulimia hay desgaste de los bordes incisales de los dientes, dolores de garganta, queilitis de los labios (labios secos, rojos y quebradizos), alteraciones del esmalte dental e hipertrofia de los músculos masticatorios.

Se trata de una enfermedad que debe ser abordada desde todos sus ángulos por médicos, psicólogos, nutricionistas, dentistas, etc, realizando un verdadero trabajo multidisciplinar.

Lo primordial es romper el círculo vicioso atrapador de la bulimia. Desde el punto de vista del dentista, se debe transmitir al paciente confianza, franqueza y comprensión. Se debe incidir en el cambio de los hábitos de higiene para, posteriormente ir avanzando en el tratamiento local ya sea preventivo o restaurador. Es importante destacar que a una buena higiene se la debe acompañar con una aplicación de sustancias fluoradas para intentar remineralizar las zonas del esmalte afectado, y en casos graves, proceder a la restauración de los mismos.

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